martes, 14 de julio de 2009

Borrachita de tequila



Astrid Hadad, dadora de placer. No todos están de acuerdo; sus comentarios sobre curas pederastas y primeros y terceros mundos han provocado las iras de más de una mesita del cabaret. Pero Dios mío, mírenla bien: ¿cómo se pueden resistir a sus miriñaques, a sus tocados de frutas, a sus zapatos de plataforma y sus corsés coloridos? ¿Acaso puede hacernos daño? Parece que sí. Astrid es cabaret ilustrado; ayer dijo eso ante las cámaras que vinieron a entrevistarla y a recorrer sus cuatro camerinos. Quise comprobarlo por mí misma, y le pedí que me contara qué le inspiraba de Madrid. Atención al ciclón canalla, la inventora del heavy nopal, que agita su melena negra y sedosa y empuña la botella de tequila delante de la orquesta: cada vez que viene a Madrid visita nuestra milla dorada, el Prado, el Reina, el Thyssen, y después se toma algo en el Círculo. Siempre se conmueve delante del Gernika, y últimamente le ha pedido a Matisse un par de colores prestados.

Yo me esperaba que mencionara lugares nocturnos y convencionalmente no convencionales. Pero he ahí la fuerza de Astrid Hadad: capaz de llorar tequila delante del Gernika, capaz de tirarnos confeti sin dejar de contonearse, y después irse a dormir para madrugar en el Prado. Tim Burton jura que se inspiró en ella y sus calacas (sí, las calaveras mexicanas) para La novia cadáver. Señor Burton, le cuento lo que hizo Astrid cuando vio Las Meninas. Pensó en el reflejo del poder, fragmentado, empequeñecido, y después, cómo no, se hizo un traje. Un traje de menina con dos pequeños esqueletos a cada lado del faldón, unidos a ella con hilos. Sólo ella podía casar en una creación propia unos títeres macabros, el guiño socarrón a la muerte de los mexicanos y un cuadro de Velázquez. Ahí queda eso.

www.astridhadad.com

3 comentarios:

  1. a mí me gustaría verla en la aduana de Nueva York. Me pregunto cómo factura esos armatostes que lleva por vestidos, divinos por lo demás.

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  2. Que facil es amar a una mujer peligrosa

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  3. Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
    ¿Acaso deveras se vive con raíz en la tierra?
    No para siempre en la tierra:
    sólo un poco aquí.
    Aunque sea de jade se quiebra,
    aunque sea de oro se rompe,
    aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
    No para siempre en la tierra:
    sólo un poco aquí.

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